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PONER SUELO DONDE SE BAILA

MANIFIESTO DEL DÍA DE LA DANZA

Hoy se celebra el Día Internacional de la Danza.
 Pero, ¿qué estamos celebrando exactamente en Canarias?
Se ha normalizado algo profundamente preocupante:
la aceptación de condiciones que en otros ámbitos serían impensables.

La danza no debería sobrevivir desde la renuncia constante.
 Sin embargo, muchos artistas se ven obligados a aceptar cualquier propuesta, en cualquier condición, sin garantías mínimas, con tal de poder seguir trabajando.

No es vocación.

No es pasión.

Es falta de estructura.

Cuando un sector funciona desde la precariedad sistemática, deja de ser sostenible y entra en una lógica peligrosa: la de la dependencia, la de la concesión, la de la supervivencia a cualquier precio.

No es la danza la que mendiga.
Es el sistema el que la empuja a ese lugar.

La danza en Canarias sobrevive, en muchos casos, en condiciones que no deberían normalizarse. Historias de artistas sosteniéndose en situaciones límite no son anécdotas: son síntomas de un sistema que no garantiza lo básico.

Y, sin embargo, el marco existe.

Las políticas culturales contemporáneas ya reconocen los derechos culturales como un pilar fundamental: acceso en igualdad, condiciones dignas, sostenibilidad del tejido cultural, protección del patrimonio.

El diagnóstico está escrito.
 La realidad, también.

Porque mientras se habla de garantizar el acceso a la cultura, la danza sigue sin estar integrada en la educación pública.
 Mientras se habla de proteger el patrimonio, la memoria de la danza en Canarias continúa dispersa y sin respaldo suficiente.
 Mientras se habla de sostenibilidad, el sector se reduce, se precariza y pierde tejido.

No es una contradicción.
 Es una distancia.

Una distancia entre lo que se declara y lo que se aplica.
 Entre el derecho reconocido y el derecho ejercido.
Sin infraestructuras, sin políticas públicas estables, sin financiación de proyectos de impacto social, la danza no se democratiza: se reduce, se elitiza y se debilita

Y mientras tanto, se utiliza como recurso simbólico en momentos puntuales, vaciada de contexto y compromiso.

No hay celebración posible cuando no hay estructura.

Desde el Observatorio de Danza de Canarias señalamos esta realidad no desde el rechazo, sino desde la urgencia.

La danza necesita condiciones.

Necesita políticas.

Necesita reconocimiento.
Pero, sobre todo, necesita coherencia.

Porque no basta con declarar derechos culturales.
Hay que garantizarlos.
Y en la danza, eso empieza por algo tan básico como poner suelo donde se baila.

Porque sin dignidad profesional, no hay cultura que sostener.

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